Una declaración para promover una Inteligencia Artificial ética, transparente, responsable y al servicio de las personas.
La humanidad se encuentra ante una de las mayores transformaciones de su historia. La Inteligencia Artificial está modificando la forma en que trabajamos, aprendemos, nos comunicamos, investigamos, creamos y tomamos decisiones.
Su potencial para mejorar la vida de las personas es extraordinario, pero también lo es su capacidad para generar riesgos cuando se utiliza sin principios, sin control o sin responsabilidad.
La Inteligencia Artificial no es buena ni mala por sí misma. Como toda herramienta poderosa, su impacto dependerá de las decisiones humanas que guíen su desarrollo y utilización.
El verdadero desafío es construir una sociedad más sabia en el uso de esa inteligencia. Una sociedad capaz de aprovechar su potencia sin renunciar a sus valores.
Estos principios expresan el compromiso ético, social, profesional y empresarial de quienes defienden una Inteligencia Artificial responsable.
Toda aplicación de Inteligencia Artificial debe respetar la dignidad humana y contribuir al desarrollo integral de las personas.
La Inteligencia Artificial puede ampliar nuestras capacidades, pero no posee conciencia, responsabilidad moral ni valores propios.
La IA debe contribuir a democratizar el acceso al conocimiento, la educación y la información de calidad.
Defendemos una innovación tecnológica orientada a resolver problemas reales y mejorar la calidad de vida.
La IA debe utilizarse para aumentar la productividad, impulsar la competitividad y generar prosperidad compartida.
Las personas tienen derecho a saber cuándo interactúan con sistemas de IA y cómo se usan en decisiones relevantes.
Toda utilización de la Inteligencia Artificial debe tener responsables humanos claramente identificables.
La privacidad, la seguridad de los datos y los derechos fundamentales deben ser protegidos en todo momento.
Rechazamos el uso de IA para violencia, manipulación, desinformación, fraude o perjuicio deliberado.
La IA debe contribuir a la salud, educación, sostenibilidad, inclusión social y bienestar colectivo.
La IA no debe sustituir la capacidad humana de reflexionar, cuestionar, verificar y tomar decisiones.
Las decisiones que adoptemos hoy condicionarán el mundo que heredarán nuestros hijos y nietos.
Nadie cuestiona una cosecha porque haya sido recogida con maquinaria moderna. Nadie rechaza una empresa porque utilice ordenadores, hojas de cálculo o automatización.
Del mismo modo, no debería descalificarse una idea, un texto, una imagen, un proyecto o una decisión por el mero hecho de haber utilizado Inteligencia Artificial.
Lo relevante no es si hubo tecnología. Lo relevante es la calidad, la intención, la veracidad y la responsabilidad de quien firma el resultado.
No todo trabajo asistido por IA tiene el mismo grado de participación humana. Por eso proponemos una cultura de transparencia basada en la dirección, revisión y responsabilidad.
La cuestión no es cuánta IA utilizas. La cuestión es quién dirige el proceso y quién responde por el resultado.
Conocer el Indicador IARPuede redactar, calcular, analizar, comparar, clasificar y proponer alternativas a una velocidad que supera ampliamente la capacidad humana.
El propósito, el contexto, la intención, la ética y la interpretación final siguen dependiendo de personas con criterio y responsabilidad.
Ningún sistema tecnológico puede sustituir la obligación humana de responder por las consecuencias de lo que crea, publica o decide.
Importa, sobre todo, aquello que los seres humanos decidamos hacer con ellas.