La reciente ausencia de España en la cumbre sobre la seguridad en el estrecho de Ormuz no debe leerse solo como un titular de política exterior, sino como una señal de alarma para el tejido empresarial español. En un entorno global donde el 20% del petróleo mundial transita por este punto crítico, la desconexión diplomática se traduce directamente en riesgos de cadena de suministro y volatilidad de costes energéticos. Para los directivos, este hecho es un recordatorio de que la geopolítica ha dejado de ser un factor exógeno para convertirse en una variable central del P&L. La resiliencia operativa hoy exige una diversificación de proveedores y una estrategia de cobertura que no dependa de la estabilidad de rutas que, como Ormuz, escapan a nuestro control político. La competitividad de nuestras empresas requiere una lectura proactiva de estos tableros; ignorar el mapa geopolítico es, en última instancia, gestionar la empresa con los ojos vendados ante la próxima interrupción del mercado.