El resultado de las elecciones andaluzas ha sido claro. Una mayoría absoluta para el Partido Popular. Desde la perspectiva de quien ha levantado empresas y gestionado miles de empleos, esto no es solo un dato político, es un mensaje directo para la economía, para los empresarios y, sobre todo, para los trabajadores.
La estabilidad política es un valor incalculable para cualquier inversor y, más importante aún, para el empresario que tiene que planificar a medio y largo plazo. Cuando hay incertidumbre, la inversión se frena, las decisiones se posponen y, al final, el empleo sufre. Esto es la calle. Una mayoría absoluta, bien gestionada, puede ofrecer esa tranquilidad que tanto necesitamos para que la rueda de la economía gire sin sobresaltos.
Lo que el empresario necesita para crear riqueza y empleo es un entorno favorable. Y eso pasa por menos burocracia y una presión fiscal sensata. Si cada vez que quieres abrir un negocio o expandir el que ya tienes, te encuentras con una maraña de papeles y tasas que te asfixian, al final te desanimas. Hay que levantar la persiana cada día, y si el coste de hacerlo es desproporcionado, muchos se quedan en casa. El resultado andaluz debe interpretarse como una oportunidad para simplificar, para facilitar la vida a quienes arriesgan su patrimonio para generar actividad.
La presión fiscal es uno de los grandes lastres para la economía real. No se trata de no pagar impuestos, que es una obligación de todos. Se trata de que esos impuestos sean justos, proporcionales y que no ahoguen la capacidad de inversión y de contratación. Si a una empresa le quitas gran parte de sus beneficios vía impuestos, le queda menos para reinvertir, para innovar, para crear nuevos puestos de trabajo. Es sentido común. Las decisiones políticas deben entender que si no hay empresa, no hay empleo, y si no hay empleo, no hay recaudación. Es un círculo vicioso que hay que romper.
Más allá de los resultados electorales, lo que nunca debe cambiar es la cultura del esfuerzo y la necesidad de colaboración. El empresario y el trabajador no son enemigos; son dos partes de la misma ecuación. El éxito de uno depende del éxito del otro. Mi experiencia me dice que cuando hay diálogo, cuando se valora el trabajo bien hecho y se entiende que todos remamos en la misma dirección, los resultados llegan. La teoría está muy bien, pero la realidad de un negocio se construye con el sudor y el compromiso diario de todos.
En definitiva, el resultado de las elecciones andaluzas abre una ventana de oportunidad. Ahora toca a la clase política demostrar que entiende la economía real, que sabe que el empleo se crea en las empresas y que la riqueza se genera con el esfuerzo y la inversión. Mi consejo es claro: menos ideología y más pragmatismo. Centrarse en facilitar la vida a quienes cada día levantan la persiana, porque ellos son el verdadero motor de cualquier sociedad.